Habitación donde sufrio la amputación. | Aquella niña decidida y bulliciosa de los primeros años, ya no correteaba como las demás niñas de su edad. Transcurre el tiempo y su hermano queda viudo y Genoveva, a pesar de sus dolencias, se hace cargo plenamente del hogar, seguía haciendo los oficios, limpiando el piso y lavando la ropa, todo lo quería tener bien limpio y esto hacía feliz a su hermano.
Le ocurrió una vez un caso curioso. "Como era costumbre en el pueblo cuando se acercaban las fiestas, las mujeres solían blanquear las fachadas y el interior de la vivienda. Ella no podía hacer menos. Sin pedir ayuda a nadie, fue y se compró cal para enjalbegar las paredes. Como puede se sube a una silla y empieza a blanquear el techo. Oye que llaman a la puerta. ¡Entre! le dice al visitante, sin bajarse de donde estaba. Cual no sería su sorpresa al ver que entra un sacerdote, amigo de la familia, que venía a verla. Se queda éste espantado al darse cuenta del peligro que corría la muchacha si por acaso se cayera de la silla. ¿Cómo haces eso? le dice. Porque quiero tener la cocina limpia, le contesta ella; y lo hago también porque el jornal de una persona me llevaría seis reales o dos pesetas. Se compadeció el sacerdote y se las dio, pero no sin antes advertirle: bájate en seguida y haz que otra persona termine el trabajo. Se bajó Genoveva y cuando se despidieron, viendo que ya tenía el trabajo medio hecho, lo terminó por su cuenta. Cogió el dinero y se lo dio a unos pobres que sabía lo necesitaban". Acababa apenas de cumplir los quince años y ya aparentaba ser una mujer seria y responsable. Fuera de su casa y de la atención a su hermano, nada contaba para ella. Si estaba sola se dedicaba a rezar y a leer libros espirituales que habían quedado de su madre. Fue en 1885 cuando tuvo una caída fulminante; el cuerpo se le llenó de llagas y no podía, sino a base de fuertes dolores, hacer el más mínimo movimiento. Tuvo que guardar otra vez cama. Su hermano se había vuelto a casar y a la nueva esposa no le gustaba tenerla en casa y menos cuidar de una invalida. Lienzo que podemos contemplar en la capilla donde reposan los restos de la Madre. | A partir de 1950 se percibe una pérdida de fuerzas en su actividad, pero el Instituto sigue su desarrollo con nuevas fundaciones. En estos años nada debió agradar más a la Madre Genoveva que la cesión por Roma del "Decretum Laudis" que tanto deseaba. Adquiría así su Obra carácter pontificio universal, pasando a denominarse desde entonces "Hermanas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Santos Ángeles". Fue dado en Roma el 25 de marzo de 1953.
En el cuarto Capítulo General de 1954, Dios retiraba de sus manos lo que un día le había confiado. Al igual que supo gastar su energía para poner en marcha y extender el Instituto Religioso, ahora supo convertirse en religiosa respetuosa y obediente a la Madre General. Durante el año 1955 sus fuerzas se debilitaron notablemente. A primeros de diciembre su estado se agravó. Sólo el día de la Inmaculada pudo asistir a Misa. Durante la Navidad empeoró y el día 30 sufrió un ataque de apoplejia. Se le administró la Unción de Enfermos. Se repuso y exclamo: "Hágase, Señor, vuestra santa voluntad". Del 3 al 4 de enero su estado empeoró y a las nueve de la mañana del día 5 la Madre Genoveva entró en estado de coma. Esa misma tarde del día 5 de Enero de 1956 en la Casa Generalicia de Zaragoza, la Madre Genoveva deja este mundo para encontrar a su Señor. La noticia corrió por la ciudad y se formaron largas filas ante su cuerpo expuesto para rezar y encomendarse a la Madre, pasar por sus manos objetos piadosos y darle el último adiós. La consideraban como una verdadera santa. Los restos mortales de la Madre Fundadora de las Religiosas Angélicas fueron depositados en una cripta que se construyó bajo el altar mayor de la Casa Generalicia. En diciembre de 1994, y como acto preliminar a su beatificación, los restos de la Madre Genoveva fueron trasladados a la nueva capilla donde reposan bajo su altar y la cual puede ser visitada por cuantas personas lo deseen.
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El amor todo lo vence. Procuremos que el amor de Dios prenda en nuestros corazones, no un amor aparente, sino un amor sincero. |
Que la antorcha de la fe sea nuestro faro. El amor a Dios y al prójimo nuestro guía, y la esperanza nuestra fortaleza No damos prueba de que amamos a Dios, si por una pequeña dificultad dejamos de servirle con fidelidad. Para hacer frente a las dificultades es necesaria la fortaleza. Beata Madre Genoveva
¡ROMPE TUS CADENAS! abre de par en par las puertas de tu corazón y déjate seducir por aquel que más te quiere y necesita de tí para continuar su obra, JESÚS. |